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LA «CARIDAD» EN LA IMITACIÓN DEL ANTICRISTO

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En el discurso de Monseñor Galarreta por ocasión de las ordenaciones sacerdotales del 29 de junio de 2011 en Ecône, se entiende todo el programa de artimañas de su Fraternidad para ganar la tolerancia dela Romamodernista de los anticristos (cf. Mgr Lefebvre).

Un programa que se presenta criticando el Vaticano 2 que edificó desde los años 60la Iglesia liberal modernista. Lo have pero ignorando la existencia de dos Iglesias incompatibles (cf. Mgr Tissier).

Como quijotes al revés, de la más triste figura, quieren justificar la legalidad del lobo que encorrala a los fieles para las abominables matanzas ecumenistas de Assis; quieren callar, lo que significa excusarse de todo lo que ha acusado el fundador de Fraternidad que hoy ocupan, para reconciliarse justamente con Ratzinger, notorio «perito» del disfavor conciliar dela Realeza de Nuestro Señor Jesucristo.

Leamos los «principios» sobre los cuales perpetran esta maniobra:

«Si las cosas son así, alguien me podría decir: pero entonces ¿por qué tener contactos con estas personas?, ¿por qué ir a Roma?

Parecería que, en principio, no debería haber contactos, ningún contacto con ellos. ¡Y Bien! Es todo lo contrario: en principio, es necesario que tengamos contactos, y en principio es necesario que vayamos a Roma. Por supuesto, a continuación, es la prudencia la que determina las circunstancias y la que determina lo que realmente hay que hacer en un caso concreto. Pero, en principio, es necesario ir, en primer lugar, porque somos católicos, apostólicos y romanos. A continuación, si Roma es la cabeza y el corazón de la Iglesia Católica, sabemos que la crisis necesariamente encontrará su solución, la crisis desaparecerá en Roma y por Roma. En consecuencia, lo poco de bueno que hagamos en Roma, es mucho mayor que el mucho bien que hagamos en otra parte. Por otro lado, caritas Christi urget nos, la caridad de Cristo nos urge (2 Cor 5, 14). Es necesario entender cómo es difícil dejar el error mientras se vivió toda su vida en el error. Es extremadamente difícil tener la luz y la fuerza para romper con una serie de vínculos de orden natural, una vida dedicada a esto, toda una enseñanza con la autoridad como fiador, y las consecuencias que se siguen. Reconozcamos que esto no es fácil, y tengamos piedad. Porque, finalmente, ellos necesitan simplemente lo que ya hemos recibido gratuitamente, la luz y la gracia.

Aquí ya se puede notar la misma «caridad» de Pablo 6 en su discurso de clausura del Vaticano 2, cuando proclamó su espíritu «samaritano-conciliar», más «cariñoso» con los asaltantes que con la victima.

Los antiquijotes de la actual Ecône sonríen a los lobos de la actual Roma modernista, alegando delante sus victimas los «principios de caridad» que inventaran. Así, acusan el riesgo de un «celo amargo» de los católicos resistentes a los errores y herejías del Vaticano 2, sin pensar que esto se aplicaría a su Fundador. Habría que excusarlo para aplicar el «celo» del arreglo con los promotores de la «iglesia incompatible». No queda coherente porque critican entonces con celo amargo el mismo «celo» de marca conciliar del desdichado p. Rifán.

 

Porque, ¿qué tenemos que no hayamos recibido? (1 Corintios 4, 7) ¡Y Bien! Ellos necesitan simplemente recibir lo que hemos tenido la gracia de recibir, por la misericordia y la generosidad de Dios. La caridad nos establece un deber.

Los que se oponen ferozmente y por principio a todo contacto con los modernistas me recuerdan un pasaje del Evangelio. Cuando Nuestro Señor no fue recibido en una ciudad, Santiago y Juan -los hijos del trueno- le propusieron hacer bajar fuego del cielo para consumir esta ciudad. Y Nuestro Señor, indulgente, pasa por sobre este monumental orgullo de los apóstoles -¡como si Nuestro Señor tuviese necesidad de ellos para resolver problemas!-, y les dice: no sabéis de qué espíritu estáis animados. (cf. Lucas 9, 51-56). Sí, todavía no habían recibido el Espíritu Santo que difunde la caridad en el corazón, y no sabían de qué espíritu eran. Ellos habían caído en el celo amargo.

¿Y cuál es este espíritu? Es el espíritu de Nuestro Señor Jesucristo. No es demasiado complicado, es necesario mirar cómo Nuestro Señor ha enfrentado a sus enemigos, a sus oponentes. Tanto San Juan como San Pablo nos dicen: es en esto que realmente hemos conocido el amor de Dios, en que el Padre nos amó y Cristo dio su vida por nosotros, mientras que éramos pecadores, mientras que éramos sus enemigos. Es en esto que especialmente se manifiesta la caridad de Dios, y hemos creído en esta caridad. Entonces debemos hacer lo mismo. (cf. 1 Jean, IV, 9-16 y Efesios II)

¿Cómo es que el amor de Nuestro Señor se manifiesta en nuestros tiempos si non con Sus ayudas? ¿No ha enviado el Mensaje tras las apariciones de Nuestra Señora de Fátima para que se reconociera el peligro de los falsos cristos que destruyeranla Cristiandady «eliminaron» el Papado católico de nuestros tiempos? (cf. Tercer Segredo)

Emblemáticamente esta ayuda fue censurada y manipulada por los mismos «papas conciliares», que así revelaban de quien eran vicarios – como reconoció Mgr Lefebvre.

Pero esto reconocimiento no curó la miopía de sus seguidores, que hoy llegan a censurar como inoportunos los sermones y declaraciones de los dos Obispos, Marcel Lefebvre y Antonio de Castro Mayer.

Letter From Abp. Marcel Lefebvre to Arai Daniele


¿Cómo es que el amor de Nuestro Señor se manifiesta? ¿Por la guerra, los anatemas, las condenaciones, o haciendo caer fuego del cielo? ¡No! Esta obra de amor se cumple por la humildad, por la humillación, por la obediencia, la paciencia, el sufrimiento, la muerte y perdonando a sus enemigos sobre la Cruz. A lo largo de su vida Nuestro Señor ha desplegado todos los medios posibles y razonables para hacer admitir la verdad a los fariseos y ofrecerles la salvación y el perdón. He aquí, simplemente, lo que debemos seguir. No veo cómo la firmeza doctrinal sería contraria a la flexibilidad, a la ingeniosidad e incluso a la audacia de la caridad.

Con las palabras de su exegesis invertida y mañosa, Mons. Galarreta quiere justificar su inconmovible «celo» necesario para convertir la Roma modernista porque… la caridad de Cristo nos urge. Pero, cuales son los principios de su «caridad» si non comparables a los mismos de Juan 23 en el Discurso inaugural del contagiante Vaticano 2, el 11 de octubre de 1962, que «pontificaba»:

Siempre la Iglesia se opuso a los errores. Frecuentemente los condenó con la mayor severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más bien que renovando condenas. La Iglesia Católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la antorcha de la verdad religiosa, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella. Además de que ella, valiéndose de sus hijos, extiende por doquier la amplitud de la caridad cristiana, que más que ninguna otra cosa contribuye a arrancar los gérmenes de la discordia y, con mayor eficacia que otro medio alguno, fomenta la concordia, la justa paz y la unión fraternal de todos.

Como son buenos con en mal y intransigentes con la fidelidad. Pero refutan al frente de los ilusionados que no veen « cómo la intransigencia doctrinal sería contraria a las entrañas de la misericordia, al celo misionero y apostólico. No se tiene que elegir: o la fe o la caridad. Se debe abrazar las dos. En incluso, sin la caridad, no soy nada; incluso si tengo una fe para mover montañas… Si no tengo la caridad no soy nada. Si doy mi vida por los pobres y no tengo caridad, no soy nada. (cf. 1 Cor 13, 3) Releed los elogios de la caridad que hace San Pablo en su Epístola a los Corintios (1 Cr 13), aplicadlo a la vida de Nuestro Señor, y sabréis sin confusión posible lo que es el espíritu católico. He aquí cómo realmente podremos cooperar (con los anticristos) en la restauración de la fe, en la restauración de todas las cosas en Cristo.

Se trata de una «caridad» buena para con los heresiarcas, paciente con las herejías, no envidiosa de las otras falsas religiones, que no busca el interés católico, mas ignora el mal hecho contra la Fe, hace el bien de dos compromisos con los herejes, excusa todo lo que es anticristiano, espera todo sin desaire de los anticristos, todo lo cree mismo si destruyen la Iglesia, sufre todo lo que humilla la Fe revelada. Atribuir esto a San Pablo es incurrir en un falso testimonio.

Carta de Mons. Lefebvre à Arai Daniele

Cuanto al fundador de Ecône, Monseñor Lefebvre, en el último reportaje dado a conocer en enero de 1991, Fideliter N° 79, el periodista le pregunta: “¿Qué puede decir a los fieles que esperan siempre en la posibilidad de un acuerdo con Roma?” Monseñor Lefebvre respondió con estas palabras que deberán servir de reflexión a aquellos aún capaces de recapacitar: “Nuestros verdaderos fieles, aquellos que han comprendido el problema y que justamente nos han ayudado a seguir la línea recta y firme de la Tradición y de la fe, temían las tratativas que hice en Roma. Me han dicho que era peligroso y que perdía el tiempo.” ¡Reconoció pues que teníamos toda razón!

Cual verdadera caridade es posible sin comprender e agir el la línea recta y firme dela Verdad, dela Tradición, dela Fede Nuestro Señor Jesucristo, sacrificado en la cruz para suscitar en los fieles esta Fe integra y pura. Para ser fiel al Salvador debemos tener horror a los pérfidos adulterios de esta Roma conciliar con su «espíritu de Assis».

¿Hasta cuando se pueden proclamar fieles vigilantes los que conciben una falsa caridad para evitar las advertencias contra los que pervierten la Fe? ¿Siguen la ley dela Iglesial os que, en contra la orden de la verdadera Caridad, sonríen y justifican la autoridad de aquellos que se demuestran aliados de los paganos y enemigos del Señor y de Su Iglesia? ¿Cuando vamos empezar a pedir oraciones penitencias y expiaciones para que la Santa Iglesia exorcice el Vaticano 2 y sus falsos profetas para volver a tener un Papa católico?

“Quien non está coMigo esta contra Mi.” No hay otra Caridad.

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