Pro Roma Mariana

Fátima e a Paixão da Igreja

ROMA, FÁTIMA y LA HISTORIA RECIENTE DE LA IGLESIA (1986)

Fatima, Altar do mundo

Arai Daniele

  •  Vamos a publicar aquí material ya publicado en 1986 por la revista ROMA de Buenos Aires, en especial a mis artículos sobre Fátima. La intención es reavivar el recuerdo de lo que la Iglesia ha estado sufriendo desde entonces. Nada refleja más la triste realidad presente de lo que la falta de amor por la gracia inestimable que era y sigue siendo el evento extraordinario de Fátima. Siguen, para empezar, un breve artículo de Mons. Antonio de Castro Mayer y una carta de Mons. Marcel Lefebvre, que dan una breve descripción de la pasión de la Iglesia. Por fin está mi escrito «Fátima Altar del Mundo» de este año.

*   *   *

NUEVA ETAPA

 En Suiza, Juan Pablo II declaró que el Concilio Vaticano II abrió para toda la Iglesia, una nueva etapa del camino (L’Os. Rom., ed. sem: port., 24-6-84, p. 12, col. 4). Ya al clausurar el mismo Concilio Paulo VI alegrábase por el hecho de que el Concilio mostrara una “imensa simpatía” por la promoción del hombre moderno (Al. 1-12-1965, nº 8).

Dados esos precedentes, somos llevados a ver en las actitudes de Juan Pablo II, en los últimos viajes a Africa y a Suiza, ejemplificaciones de la “nueva etapa” abierta a la Iglesia por el segundo Concilio del Vaticano.

En Papúa-Guinea, en la Misa papal, una joven de 18 años estudiante de colegio católico, hizo la primera lectura. Cubríase sólo con un cinturón de hojas y llevaba todo el busto descubierto. Evidentemente, ese episodio formó parte de la programación de la visita papal, de acuerdo con la comitiva del visitante. “L’Os. Rom.”, diario del Vaticano, comentó: ”Vestidos típicos reducidos de este pueblo. . . para el cual la desnudez es expresión de vida simple de relación humana que no conoce ambigüedad” (Cfr. “Sí sí no no”, año X, 6-5-1984, p. 2, col. 2). (¡Hubiera Dios consultado a esa comitiva papal cuando hizo vestidos de pieles para Adán y Eva, a fin de corregir la exigüidad de los taparrabos!).

En Tailandia, Juan Pablo II fue a visitar el célebre templo budista de la capital, donde, sin obtener ninguna correspondencia, hizo una reverencia al patriarca de la secta, nirvanamente sentado, teniendo detrás una estatua de Buda.

En Suiza, Juan Pablo II empeñóse en visitar todas las agremiaciones religiosas no católicas (Cfr. “L’Os. Rom.”, ed. sem. port., 24-6-1984). Tuvo cuidado de no herir la susceptibilidad de los no católicos, con una afirmación nítida de que solamente la Iglesia Católica es la verdadera iglesia, en la cual y por la cual se presta a Dios el culto legítimo y se obtiene la salvación eterna. O sea: colocóse bien dentro del Ecumenismo post-conciliar, heredero de la opinión de Paulo VI de que todas las religiones tienen un fondo común (Cfr. Jean Guitton, Diálogos con Pablo VI).

Si ésta es la nueva etapa abierta por el segundo Concilio del Vaticano, el católico no puede aceptarla, pues la Iglesia fue constituida para conservar íntegra la genuina doctrina tradicional apostólica y no para deturparla. A los desnudos debemos vestirlos, como consecuencia del pecado original. Y seremos juzgados de acuerdo con el cumplimiento de este deber (Mt. 25, 33 y 43). A los ignorantes –especialmente en materia religiosa- debemos enseñarles y no confirmarlos en el error en que están (2º Cat. de las Prov. Mer. del Brasil, 5ª parte, libr. 3, lecc. 4).

Es con gran pesar que registramos estos hechos. No hacerlo seria pecar por omisión, en el cumplimiento del deber que tiene todo fiel de velar para que, en la Iglesia, se mantenga íntegra y pura la Tradición Apostólica.

Mons. Antonio de Castro Mayer

(De: Heri et hodie, Campos, R. J., año II, nº 12, p. 3, agosto 1984).

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CARTA DE MONSEÑOR LEFEBVRE A JEAN MADIRAN

Ecône, 29 de enero de 1986.

Muy estimado señor Madiran:

En las circunstancias que atraviesa hoy la Iglesia, doy gracias a Dios que usted esté presente mediante “Itineraires” y el periódico “Présent”.

Creo sinceramente que entre los escritores, incluso llamados tradicionalistas, es usted el único en ver claramente y en denunciar con exactitud perfecta la empresa diabólica y masónica que se realiza actualmente por el Vaticano y la gran mayoría de los obispos.

El plan anunciado en las Actas de la Alta Venta y publicado por orden del papa Pío IX se realiza hoy ante nuestros ojos. La semana última estuve en Roma, llamado por el cardenal Gagnon, quien me entregó la carta que le agrego adjunta*. Una red muy bien organizada tiene en mano toda la actividad de la curia, interior y exterior.

El papa es un instrumento de esta maffia, que él ha ubicado y con la cual simpatiza. No se puede esperar ninguna reacción de su parte, al contrario. El anuncio de la reunión de las religiones en Asís en octubre, decidida por él, es el colmo de la impostura y del insulto a Nuestro Señor. Roma ya no es más la Roma católica. Las profecías de Nuestra Señora de La Salette y de León XIII en su exorcismo, se realizan. “Ubi sedes beatissimi Petri et cathedra veritatis ad lucem gentium constituta est, ibi thronum posuerunt abominationis impietatis suae ut percusso Pastore et gregem disperdere valeant … ” **.

También León XIII fue quien prohibió el “congreso de las religiones” que debía tener lugar en París en 1900 con motivo de la Exposición universal, como había tenido lugar en Chicago en 1893.

Usted verá, en la respuesta a nuestra carta, que el cardenal Ratzinger se esfuerza una vez más en dogmatizar el Vaticano II. Tenemos que habérnoslas con personas que no tienen ninguna noción de la Verdad. En adelante, nos veremos cada vez más obligados de obrar considerando a esta nueva Iglesia conciliar como que ha dejado de ser católica.

Sin faltar gravemente a la verdad y a la caridad, ya no podemos dar a entender a quienes nos escuchan o a quienes nos leen que el papa es intocable, que está lleno de deseos de volver a la Tradición y que su entorno es el culpable, como hacen “La Pensée Catholique”, “L’Homme nouveau” y tantos otros aparentemente tradicionalistas.

Espero que esta asamblea de las religiones, en espera del Comité de las religiones que tenga su sede en el Vaticano, va a abrirles los ojos.

Los documentos adjuntos le interesarán, estoy seguro. Puede publicarlos si lo desea ***. Esperando tener el placer de verlo pronto, reciba estimado señor Madiran, la seguridad de mi respetuosa y fiel amistad y la seguridad de mis oraciones.

MARCEL LEFEBVRE

(“ITINERAIRES”, París, nº 301, marzo 1986, pp. 107-109).

* Es la respuesta del cardenal Ratzinger, de fecha 20 de enero de 1986. (Nota de “ITINERAIRES”).

** “Donde estuvo la sede de San Pedro y la cátedra de verdad para luz de las naciones, alli colocaron el trono de la abominación de su impiedad, para que herido el Pastor también pudieran dispersar la grey.”

*** Son los dos documentos adjuntos: la carta de Mons. Lefebvre y de Mons. de Castro Mayer a Juan Pablo II y la respuesta del cardenal Ratzinger. (Nota de “ITINERAIRES”). La carta de los obispos se publicó en ROMA. nº 93.

Esta Carta está precedida, en el mismo nº de ROMA, por el articulo «LA IGLESIA CONDUCIDA A LA TUMBA POR LA ROMA MODERNISTA» que contiene las «Declaraciones de Mons. Lefebvre en Êcone (1º y 2 de febrero 1986), onde se lee: ¿Que papa es este? ¿Que hay que decir de esto? En todo caso, no está inspirado por lo Espíritu Santo para su Congreso de Asís, está inspirado por el diablo e está al servicio de la masonería. (y se termina…):

No se puede ser verdaderamente católico si no se es tradicionalista, porque de generación en generación, la Iglesia ha transmitido la Tradición de Nuestro Señor Jesucristo, todo lo que hizo Nuestro Señor, sus enseñanzas, sus instituciones, su Iglesia, su Sacerdocio. No se puede romper con una Tradición semejante, sin abandonar su Fe.

De una manera increíble, misteriosa y que no podemos comprender, nos vemos llevados a preguntarnos cómo pueden los que ocupan la Iglesia tratar, libremente, de arrastrarla en su modernismo, en sus errores, expulsando en cierto modo a Nuestro Señor Jesucristo y a su Santísima Madre de la propia Iglesia. Porque hemos podido comprobar que durante este último Sínodo, las resoluciones que fueron tomadas son las de continuar la destrucción de la Iglesia, continuar con estos graves errores que son absolutamente contrarios a la Fe católica: la libertad religiosa que nos viene de los Derechos del hombre y el ecumenismo, esta especie de igualdad de todas las religiones, que nos vienen ambos de las logias masónicas. Frente a este espectáculo, del que por cierto no somos la causa, sino testigo afligidos, qué hacer, sino resistir a los asaltos del demonio. Tanto mejor lo haremos si permanecemos unidos y ponemos fin a las discordias que puedan existir en el seno de nuestras propias familias católicas.

Más que nunca necesitamos esta unión alrededor de la Cruz de Jesús, con la Santísima Virgen María, profesando nuestra fe en el reinado universal de Nuestro Señor Jesucristo: Jesus Christus herí, hodie et in saecula. Jesucristo ayer, hoy y en todos los siglos.

 MARCEL LEFEBVRE

*   *   *

FÁTIMA, ALTAR DEL MUNDO

En esta primavera europea se cumplen 70 años de las apariciones del Ángel que vino a preparar a los pastorcitos Lucía, Francisco y Jacinta, para recibir a la Madre del Cielo, que traería un Mensaje de extraordinaria importancia para los hombres.

En la primera aparición de la Virgen el día 13 de mayo de 1917, les dijo: “Os vine a pedir que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13, a esta misma hora. Después os diré quien soy yo y lo que deseo. Después volveré aquí una séptima vez”.

El día 13 de julio Nuestra Señora les mostró el Infierno, señal de la gravedad del Mensaje y de la importancia de los pedidos que les trasmitió para librar de él a los hombres: “Si hicieren lo que os voy a decir se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra se acabará, pero si no dejan de ofender a Dios… (El) castigará al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre”.

En el Mensaje, estos males eran profetizados juntamente con las indicaciones de sus causas y de los únicos remedios para evitarlos. Pero como no fue debidamente oído en la Iglesia, los castigos que vinieron fueron terribles, como la 2ª Guerra Mundial y la falsa paz que siguió, que aumentó tanto las ofensas a Dios como los castigos, sobre un manto de mentiras infernales.

Y fue así cómo las persecuciones profetizadas para la Iglesia y el Santo Padre se extendieron del exterior al interior de la Ciudad de la Fe. Muchos eclesiásticos se pusieron a esperar la salvación y la paz comprometiéndose con el mundo enemigo de Dios, quedando el Mensaje de Nuestra Señora de Fátima olvidado, desobedecido y hostilizado.

El tercer secreto es la parte del Mensaje que habla de la terrible persecución a la Fe y a la Iglesia que hoy vivimos. Se lo debería haber dado a conocer en 1960; se prefirió mantenerlo en secreto.

A pesar de no conocerlo, podemos entender al menos lo que lo precede: “En Portugal se conservará siempre el Dogma de la Fe… “Significa que donde permanece vivo el espíritu de Fátima, reparador de las ofensas a Dios y que confía en las promesas del Inmaculado Corazón de María, hay un reducto de gracias y de fuerzas para obtener la restauración católica.

La fuerza invencible de ese reducto fiel está en el amor dedicado al Mensaje maternal, cuyo conocimiento integral y divulgación un versal desean y esperan de acuerdo con la voluntad divina. De este modo se preservará la Fe católica, íntegra y pura, iluminada magníficamente por los dogmas marianos y confirmada en Fátima.

En la actual crisis de Fe, su triunfo en el mundo puede parecer un hecho tan increíble como la conversión del Imperio Romano al Cristianismo en el tiempo de Constantino. Pero entretanto, esa victoria es el epilogo profetizado en Fátima para las guerras y persecuciones de nuestros tenebrosos tiempos: “Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y al mundo le será concedido un tiempo de paz”.

Y pidió al Papa, y a todos los obispos esa consagración para la conversión de Rusia a la Iglesia, y lograr así la victoria de la Fe sin mancha y el triunfo del Inmaculado Corazón, en la Fe católica, apostólica y romana.

Quiere la Virgen, que el Mensaje de Fátima sea honrado y atendido y que también se persevere, en la Esperanza que en ese triunfo se salven muchas almas y que el mundo obtenga finalmente la paz y en la Caridad que desea la gloria de Dios según Su voluntad: “Porque quiero que toda mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón de María, para propagar su culto, y poner al lado de la devoción a Mi Divino Corazón, la devoción a ese Inmaculado Corazón”.

Al Reino de los Sagrados Corazones se llega sólo por el Mensaje.

Intensifiquemos entonces nuestras oraciones, rosarios y penitencias como los pide el Mensaje. Así, la devoción de la Comunión reparadora de los 5 primeros sábados y la divulgación de la palabra de Nuestra Señora a su pueblo, a fin de que sus pedidos sean honrados y atendidos.

Esto no es más que una gota de reparación en un espantoso incendio de ofensas a Dios a las cuales se sumó el olvido del Mensaje salvador de María Santísima.

Para desagraviar a Dios con Su ayuda nos proponemos celebrar desde esta primavera [europea] en Fátima, Santas Misas reparadoras en el venerable Rito Romano que era usado cuando Nuestra Madre apareció para traer su inestimable Mensaje a través del cual podemos participar de Su triunfo final.

Arai Daniele

Uma resposta para “ROMA, FÁTIMA y LA HISTORIA RECIENTE DE LA IGLESIA (1986)

  1. Carolyn Espinoza fevereiro 10, 2014 às 10:49 pm

    Representáis a más de cincuenta movimientos y nuevas formas de vida comunitaria, que son expresión de una variedad multiforme de carismas, métodos educativos, modalidades y finalidades apostólicas. Una multiplicidad vivida en la unidad de la fe, de la esperanza y de la caridad, en obediencia a Cristo y a los pastores de la Iglesia. Vuestra misma existencia es un himno a la unidad en la pluralidad querida por el Espíritu, y da testimonio de ella. Efectivamente, en el misterio de comunión del cuerpo de Cristo, la unidad no es jamás simple homogeneidad, negación de la diversidad, del mismo modo que la pluralidad no debe convertirse nunca en particularismo o dispersión. Por esa razón, cada una de vuestras realidades merece ser valorada por la contribución peculiar que brinda a la vida de la Iglesia.

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