Pro Roma Mariana

Fátima e a Paixão da Igreja

II . EL TESTAMENTO DE FÁTIMA: ÚLTIMO RECURSO

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MAYO 1987

Arai Daniele

La cuestión principal para los católicos, que podrían añadir tantos otros acontecimientos de orden político y social en la fecha de 1917, es saber si a la sólida embestida externa a la Iglesia de los poderes del mundo, en esa fecha crucial, no correspondía también una subterránea demolición interna. Esto había sido previsto por S. Pío X. quien, años antes, había condenado y combatido el modernismo, sumidero interno de veneno y herejías.

Pues bien, hoy sabemos que también dentro de la Iglesia, desde 1917, si no hubo una revolución radical, hubo una mutación caracterizada por el espíritu de concordato que pronto daría lugar al espíritu de compromiso, precursores del espíritu conciliar.

Y esto quedó luego evidenciado por el comportamiento eclesial ante el extraordinario Evento de Fátima que, desde el comienzo, fue una piedra de tropiezo, una señal de contradicción. Era un aviso salvador de la Iglesia Celeste que la Iglesia militante tenía dificultades de recibir, entender y cumplir. ¿No es ésta una señal premonitoria de tiempos apocalípticos? He aqui que hemos llegado al encuentro ecumenista de Asís.

Consideremos la actitud de los Papas, desde 1917 en relación a Fátima.

Benedicto XV pidió la intervención de María Santísima por la paz, en modo universal, y fue atendido. No dio señal alguna, sin embargo, de reconocer la respuesta.

Pío XI, citado en el Mensaje, apoyó el culto de Fatima e Instituyo la fiesta de Cristo Rey, pero no atendió a la consagración pedida.

Pío XII, llamado el Papa de Fátima atendió personalmente a ese pedido, pero sin ordenarlo a los Obispos. Promulgó el Dogma de la Asunción y tuvo cuatro visiones del milagro del sol en los Jardines Vaticanos, pero su consagración de Rusia fue incompleta.

Mientras tanto, el Tercer Secreto del Mensaje de Fátima había sido llevado al Vaticano para ser conocido en 1960. Pío XII murió en 1958, parece, sin conocerlo; Juan XXIII leyó el Secreto, pero debe de haberlo considerado por demás inverosímil o nocivo a sus proyectos conciliares porque mandó archivarlo. Más tarde inauguraría el Vaticano II diciendo querer apartarse de los profetas de desgracias.

Paulo VI continuó y concluyó ese concilio, cuya respuesta a Fátima veremos enseguida. El fue a Fátima en 1967 (50 años de las Apariciones), después de haber ido a la ONU, pero les habló de justicia y paz sin mencionar los medios ofrecidos por Nuestra Señora de Fátima para obtenerlas.

Fue el que adaptó la Santa Misa a los protestantes, que transfirió la libertad de la Iglesia a las conciencias de los ciudadanos del mundo y, la Tiara, símbolo de la soberanía de Cristo Rey, a los pobres.

No escondió que ponía toda su esperanza de paz en la ONU y murió angustiado por el aumento de las matanzas y terrorismos.

Veamos ahora cómo el «Concilio de los Papas Juan y Pablo» se comportó en relación a Nuestra Señora de Fátima. Había en este sentido cuatro grandes cuestiones:

– Las Apariciones venían a evidenciar la verdad siempre acreditada por la Iglesia, acerca de la Mediación de María Santísima. Este era el asunto de un esquema especial preparado sobre Nuestra Señora;

– Los Novísimos se tornaban una prioridad pastoral para nuestra época incrédula e indiferente y habían sido recordados con fuerza en Fátima, por la visión del infierno a los pastorcitos;

– El mayor mal de nuestra época es el comunismo “intrínsecamente perverso” que multiplica opresiones y persecuciones; es el gran error esparcido por Rusia, como había avisado Nuestra Señora de Fátima;

– La gran promesa y única salida para esos errores impuestos por una potencia militar sin precedentes históricos fue ofrecida en Fátima a través del pedido de la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María hecha por el Papa junto con todos los Obispos católicos.

El Concilio era la ocasión ideal para tratar estas cuestiones que fueron recordadas también por centenares de Padres Conciliares, lo que agrava todavía más la sistemática censura que recibieron del principio al fin del Concilio. Veamos. Ya desde el comienzo, se levantó la oposición de las fuerzas neo-ecumenistas a todo lo que recordase a la Madre de Dios que los Protestantes no aceptan.

– El esquema especial fue reprobado y fundido con el esquema sobre la Iglesia, evitando tratar acerca de la Mediación de María;

– El recuerdo de los Novísimos: Muerte, Juicio, Infierno y Gloria, debe de haber sido considerado por demás infantil para ser repetido en sede tan alta, porque en los documentos conciliares poco o nada se habla de eso, pero especialmente del Infierno, que Nuestra Señora quiso hacer recordar por la Iglesia con las Apariciones de Fátima;

– Sobre el comunismo, se supo después que había un veto implícito papal de discutirlo y, más todavía, de condenarlo, resultado de un compromiso para obtener la presencia de los representantes del Patriarcado de Moscú que, desde hacía mucho, era una “filial religiosa” del gobierno soviético; – Está claro que en esas circunstancias la Consagración pedida era irrealizable.

El Mensaje ya había sido dejado de lado y puesto en un cajón antes, mostrando que el espíritu del Concilio es antagónico al espíritu de Fátima, a pesar de todos los engaños y apariencias.

Cuando después se analizaron mejor los documentos de ese Concílio antimariano, quedó clara la acción de un espíritu herético y cismático que estaba contra Fátima como estaba contra la misma doctrina católica. La gravedad del hecho se mostró enteramente por los frutos conciliares que llevaron a la inexorable autodemolición de la Iglesia.

-“Las cosas más espantosas y extrañas sucederán en este siglo -los profetas profetizaban la mentira y los sacerdotes aplaudían con sus manos; y los católicos simpatizaron con esas cosas … “. Se completaba el cuadro monstruoso que vivimos: El mundo poseído por una potencia atea, por los poderes masónicos y panteístas, por la Sinagoga anticristiana y por el Islam antitrinitario. Y todos en contubernio con la Babilonia conciliar. He aqui la dimensión del aviso de Fátima que no supimos ver.

Al fin, el triunfo de María

En la miopía espiritual que envuelve a multitudes de católicos, parece imposible ver que el Acontecimiento de Fátima, que ya demostró su dimensión en la histona de la Iglesia, está apenas en el prmcipio.

Las palabras del profeta Daniel, cuando habla de la piedra que se desprende del monte sin intervención de manos humanas y va a abatir al coloso que domina sobre los pueblos, deben parecer  inverosimiles hoy, como la conversión del Imperio Romano al  Cnst1amsmo debería parecer a los paganos en el tiempo de Constantmo. Y con todo el designio de triunfo del Remo de Dios no solo fue como es, una realidad viva en la Historia, sino que es la razón misma de la historia de los hombres.

Es la Fe que ilumina esta verdad repetida en el Mensaje de Nuestra Señora de Fátima. Pero la verdad se sustenta por si sola, Igualmente sin nuestros sentimientos y devociones. Vamos entonces a preparar un razonamiento sobre la situación presente para que consideremos mejor lo que los católicos deben pensar, esperar y hacer en relación al mundo, en el momento actual.

La gravedad de la degeneración moral y cultural presente se revela por el desorden, la discordia y la destrucción del ambiente, que nunca fue tan global e insoluble porque los hombres nunca estuvieron tan armados Y equipados para la autodestrucción y tan indiferentes o desviados de los valores vitales que sólo la Religión puede dar. De hecho, el meollo de todo problema humano es de orden religioso. Y cuando predomma el desamor por la verdad, se instaura la operación del error que hace que los indiferentes a la verdad crean en la mentira y se complazcan en la iniquidad.

Esa decadencia religiosa lleva al estancamiento final de que habló Nuestro Senor: “Y por la multiplicación de la iniquidad se enfrió la caridad de muchos.” Ahora, como sólo la caridad en la verdad puede vencer la iniquidad, cuando falta no hay más salida humana posible.

En otras palabras, cuando la sociedad está en crisis moral sólo la caridad de la Iglesia puede ayudarla, pero si ésta se enfrió no hay más recursos en la tierra. En el diálogo con el mundo muchos pastores hoy llegan a justificar sus males y errores.

Esto quedó claro ante el Mensaje de Fátima, donde Nuestra Señora hab1a hablado de los errores esparcidos por Rusia o sea del ateísmo y del comunismo soviéticos, que ya habían sido acusados y condenados por la Iglesia antes del Conc1lio como doctrinas intrínsecamente perversas con las que cualquier forma de cooperación era imposible. Si esos males avanzan en el mundo sin la resistencia de la Fe y de la Caridad, ¿no pueden destruirlo?

Con esas consideraciones, podemos decir que la situación presente es de una gravedad sin precedentes históricos, sea por las dimensiones de los males que amenazan a los hombres, sea por la carencia de las defensas reales de que disponemos. Pero, ¿no es justamente esto lo que fue profetizado por Nuestra Señora de Fátima? ¿Y no fue justamente por esto que nos fueron ofrecidos medios sobrenaturales imprescindibles para salir de ese espantoso estancamiento?

Volvamos a la profecía de los males presentes dada el día 13 de julio de 1917, después que la Madre de Dios mostró el Infierno a los tres niños para acentuar la gravedad de Sus palabras: “Si hicieren lo que Yo voy a deciros, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios… [El] va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Padre Santo.” Notemos en particular: el condicional “si” [repetido tres veces]; el castigo del mundo por medio … de persecuciones a la Iglesia y al Padre Santo.

El condicional configura ahí la única salida, que no hace más que confirmar el anális1s de la s1tuac10n objetiva presente, sin mencionar el hecho de que esa ayuda celeste ha sido necesaria y ha entrado en los designios de Dios tornarla única y suprema. Negarlo sería considerar los consejos divinos como superfluos, coyunturales o mutables.

Porque no se supo leer y atender el Mensaje estalló la Segunda Guerra y Rusia esparció sin obstáculos sus errores por el mundo, como fuera profetizado.

En cuanto al castigo del mundo por medio de persecuciones a la lglesia y al Papado, sólo puede ser comprendido a la luz de la realidad arriba descrita: esto es, en la doctrina católica y en el testimonio valiente de la verdad por parte del Papa y de los Fieles consagrados están las únicas barreras verdaderas a los males que destruyen las sociedades humanas. Faltando éstas debido a una persecución destructora externa o, peor todavía, interna, los errores y los males avanzarán en el mundo hasta destruirlo. Atacando la verdad, el mundo perece por la mentira. Y con esto tenemos también la confirmación de que los últimos recursos no están más en este mundo.

Pasemos entonces a lo que debemos esperar y hacer para que esa tragedia cese.

Los católicos saben que las puertas del Infierno no prevalecerán jamás sobre la Iglesia, a pesar del estado decadente de sus miembros y jefes, pues Ella fue ordenada por Dios para salvación de los hombres y para testimonio perenne de Su gloria. Pero saben también que serán puestos a prueba, a fin de que la fe, la esperanza y la caridad se libren de todo vinculo de voluntades humanas y busquen solamente hacer la voluntad de Dios.

El auge de esa prueba fue para el Pueblo elegido el dominio extranjero de Jerusalén y la destrucción del Templo. En la reedificación de éste y en la victoria final, cuando todo parecía humanamente perdido, se manifestó para todo el mundo la gloria del Dios de los ejércitos. No será diferente hoy para la Iglesia. Sus victorias no dependen de los hombres, sino del cumplimiento, por parte de éstos, de los designios victoriosos del Salvador.

He aquí, entonces, que la aparente destrucción de la Iglesia por parte de su propia Jerarquía y Clero entra ciertamente en los insondables consejos divinos manifestados en este siglo, en Fátima. Nuestra Señora dijo, el 13 de julio de 1917: “Al fin mi Corazón Inmaculado triunfará. El Padre Santo Me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.” Y “al fin” evidencia un largo vacío.

Años más tarde, cuando el Mensaje de Fátima continuaba ignorado, el Divino Maestro manifestaba nuevamente su voluntad a la vidente Lucía, diciendo: “Quiero gue toda Mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Corazón Inmaculado de María, para después extender Su culto e introducir, al lado de la devoción de Mi Divino Corazón, la devoción de este Inmaculado Corazón.”

Como se ve, el triunfo no consiste en la conversión de Rusia, sino que ésta es la consecuencia de algo que la determina, la consagración, y el reconocimiento del poder de ésta es la condición puesta por la voluntad divina para conceder todo lo demás. Con esto queda claro que el triunfo del Inmaculado Corazón está en una conversión anterior a la de Rusia y que tornará ésta posible por la consagración. ¿Cuál sino la reconversión de la propia ROMAa la Fe íntegra y pura que puede mover montañas y convertir una potencia atea?

Sabemos que esa consagración ya fue intentada, desde 1942, con Pío XII. Pero, o faltó la mención explícita de Rusia o la participación de todos los Obispos católicos. Después del atentado de la Plaza de S. Pedro, el día 13 de mayo de 1981, que fue claramente un aviso extremo a Juan Pablo II, éste intentó hacer la consagración en tres ocasiones, yendo a Fátima en mayo de 1982, en el Sínodo episcopal de octubre de 1983 y el 25 de marzo de 1984. Pero en ninguna de esas ocasiones pronunció el nombre de Rusia, ni ordenó la participación de los Obispos que, además, en gran parte son contrarios a la consagración.

Hoy está bastante claro que también esta ocasión pasó y la situación de la Fe a la cual debería ser convertida Rusia sólo hizo empeorar con el nefasto ecumenismo conciliar. Y aún así el recurso ofrecido continúa lo mismo: es el primero y será el último. ¿Cómo hacer para recordarlo y testimoniar el poder único de la consagración delante del mundo?

También para esto nos fue dado un medio por el Mensaje de Fátima. Es el Tercer Secreto que está oculto en el Vaticano, de cuya existencia se sabe en toda la Tierra. Ese texto es misterioso sólo en los términos, pues tanto porque están en el Mensaje, las palabras “el Dogma de la fe”. como por el hecho de haber sido omitido justamente en vísperas del Vaticano II, como por la devastación eclesial que se desencadenó justamente a partir de los anos 60, cuando deberia haber venido a la luz, podemos tener la certeza moral de que habla de la persecución interna de la Iglesia por obra de autoridades decaídas en la Fe. Este es el mayor castigo del mundo.

El acontecimiento de Fátima mostró desde el comienzo su sello divino por el milagro del sol. Lo mismo el Mensaje. por la realización de la profecía sobre los males del mundo actual. Esto, sin embargo, no bastó para un mundo incrédulo y una Religión enfriada. He aquí que el último recurso está en el Secreto que. como un testamento reservado para el fin, mostrará todavía la profecía sobre la devastación religiosa que se operó ignorando Fátima y hará luz sobre todos los desvíos y errores que traspasaron el Corazón de María y de la Iglesia, “para que fuesen develadas las intrigas que muchos disimulaban en sus ánimos” (cf. Lc. 2, 35).

Debemos, pues, recurrir a Dios para que revele plenamente el Mensaje salvador. Y no puede haber medio mejor para hacerlo que por la Santa Misa, en el venerable Rito en uso en los días de las Apariciones. El reconocimiento y amor por la Señal de la voluntad divina es el comienzo de toda obra de caridad, que sólo así volverá a ser ardiente.

Conmemoremos entonces el Acontecimiento de Fátima en reparación por la ingratitud con que fue recibido y pidiendo con fuerza que sea plenamente conocido y difundido para la salvación de muchos hombres y para mayor gloria de Dios.

Uma resposta para “II . EL TESTAMENTO DE FÁTIMA: ÚLTIMO RECURSO

  1. Monique fevereiro 18, 2014 às 12:34 am

    Gostei imensamente do texto. Parabéns por postá-lo aqui,

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