Pro Roma Mariana

Fátima e a Paixão da Igreja

CONCILIÁBULO ECUMENISTA DO VATICANO 2º: TEIA ANTICRISTO PARA AS ALMAS

Porta para o Anticristo 

O CONCILIÁBULO ECUMENISTA VATICANO 2º OPOSTO AOS CONCÍLIOS ECUMÊNICOS DA IGREJA

 

Arai Daniele

 

Os Papas ensinam que os Concílios ecumênicos são infalíveis, é quanto lembro no meu livro «L’Eclisse del Pensiero Cattolico» e cito: Pio VI no Decreto Super soliditate petrae (28/11/1786); Pio IX, Carta apostólica Multiplices inter (10/6/1851); Syllabus n.23 (8/12/1864); Encíclica Inter gravissimas (28/X/1870); Encíclica Dolendum profecto est (12/3/1870): “Se acreditassem firmemente, com os outros católicos, que o Concílio ecumênico é governado pelo Espírito Santo, que é unicamente com a inspiração do Espírito divino que ele define e propõe o que deve ser acreditado, não teria nunca passado pela mente deles que no Concílio possam ser definidas questões ou não reveladas ou nocivas à Igreja; nem pensariam que a potência do Espírito Santo pudesse ser obstada por manobras humana, e que assim possa ser impedida a definição de questões reveladas úteis à Igreja.”

Leão XIII na Carta a um bispo da Alemanha, (6/11/1876): “Visto que as definições dos concílios gerais são infalíveis porque são dadas por inspiração do Espírito Santo que assiste a Igreja, conforme a promessa de Jesus Cristo, elas só ensinam a verdade; mas a verdade não é tal nem adquire o seu valor pelo fato que os homens o admitam”.

São Pio X na Encíclica Ex quo, nono labente (26/12/1910): “… a fé católica, reta e íntegra, tal como foi transmitida e consagrada na Sagrada Escritura, na tradição dos Padres, no consenso da Igreja, nos decretos dos Concílios Gerais e dos Sumos Pontífices.”

Para alargar a exposição dessa disparidade doutrinal entre os Concílios Ecumênicos da Santa Igreja e o Vaticano 2º, que «dispensa» nada menos que a inspiração do Espírito Santo, tremendo perigo para as almas, citamos a parte correspondente do trabalho do P. Basílio Méramo, que o Autor me enviou em 18.7.14:

La “inaudita perversión de la religión católica y de la sacrosanta e inmaculada Iglesia se produce formalmente con la finalización y clausura del Concilio Vaticano II, gracias al cual la Revolución Anticristiana cobra carta de ciudadanía dentro de la misma Iglesia. Baste recordar la famosa alocución de clausura del Concilio Vaticano II con las palabras del enigmático Pablo VI el 5 de Diciembre de 1965, que no fueron advertidas suficientemente por nadie en su momento denunciándolas como una sutil y fina proclamación de la nueva religión antropoteísta: “El humanismo laico y profano ha aparecido, finalmente en toda su terrible estatura y, en cierto sentido, ha desafiado al Concilio. La religión del Dios que se ha hecho hombre, se ha encontrado con la religión – por que tal es – del hombre que se ha ce Dios. ¿Qué ha pasado? ¿Un choque, una lucha, una condenación? Podía haberse dado, pero no se produjo. (…) Una simpatía inmensa lo ha penetrado todo. (…) Vosotros, humanistas modernos, que renunciáis a la trascendencia de las cosas supremas, conferidle siquiera este mérito y reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros –y más que nadie- tenemos el culto del hombre”.

“Todo esto y cuanto podríamos aún decir sobre el valor humano del Concilio, ¿ha desviado a caso la mente de la Iglesia en Concilio hacia la dirección antropocéntrica de la cultura moderna ? Desviado, no; vuelto, sí. (…) nuestro humanismo se hace cristianismo, nuestro cristianismo se hace teocéntrico; tanto que podemos afirmar también: para conocer a Dios es necesario conocer al hombre”.

Esto es el humanismo vuelto teocéntrico, el hombre vuelto dios, gracias a la dialéctica gnóstico cabalística que así lo concibe y permite.

No olvidemos que el Concilio Vaticano II se inaugura como renacer espiritual, cual nuevo Pentecostés, en franca oposición a presagios de desgracias apocalípticas tal como lo dijo Juan XXIII en su discurso de apertura del Concilio Vaticano II el 11 de octubre de 1962: “Mas nos parece justo disentir de esos profetas de calamidades que siempre están anunciando infaustos sucesos como si fuera inminente el fin de los tiempos”. Esta es la alergia visceral antiapocalíptica que optimistamente nos propinó el Concilio Vaticano II, y por lo cual se abren no sólo las ventanas, sino hasta las puertas. Lo cual expresó con más crudeza y verdad el pensador Nicolás Gómez Dávila: “Pensando abrirle los brazos al mundo moderno la Iglesia le abrió las piernas”. (Les Horreurs de la Démocratie, ed. Du Rocher, Mónaco 2003, p. 230).

«Si nos atenemos a las características del Concilio Vaticano II, y ver que le falta la nota fundamental y esencial de todo Concilio Ecuménico, que por propio derecho e intrínseca constitución requiere, cual es la infalibilidad, vemos el gran engaño sutilmente propinado al presentar un Concilio Ecuménico no infalible, pues la Iglesia no se puede permitir el lujo de fallar, de errar en su Magisterio solemne y universal como lo es todo legítimo y verdadero Concilio.

«Es lógico y obvio que un Concilio Ecuménico no puede no ser infalible, pues no puede la Iglesia reunida en su magisterio universal en Concilio ser defectible. Por esto Marín Sola O.P. sucesor de la cátedra de Norberto del Prado en la Universidad de Friburgo (Suiza) de célebre memoria, regida por los Dominicos, afirma: “Está revelado que ‘todo Concilio ecuménico es infalible’ o lo que es lo mismo, está revelado que ‘todo Concilio es infalible si es ecuménico’.” (La Evolución homogénea del Dogma Católico, BAC, Madrid 1963, p. 435). Conste que esta obra fue escrita en 1923 y fue avalada por el famoso ex-secretario de San Pío X, Cardenal Merry del «Lamentablemente la ignorancia parece imperar aún en los medios tradicionalistas, pues hasta ahora no ha sido esto detectado ni valorado, a pesar del transcurso del tiempo, como lógicamente debería de ser.

«Monseñor Lefebvre en una de sus conferencias espirituales (28 Enero de 1986) señaló: “¿Qué valor tiene un Concilio no infalible? Ninguno.” Obvio, pues si un Concilio Ecuménico no es infalible, sencillamente no es un Concilio legítimo de la Iglesia, pues ninguna autoridad en la Iglesia, sea el Papa, o el resto de los Obispos o ambos, tiene poder para excomulgar la presencia infalible del Espíritu Santo, o dicho de una manera más ‘light’, no tienen autoridad para darle vacaciones al Espíritu Santo cuando se reúnen en Concilio Ecuménico, pues la Iglesia no sería divina, de Dios, si se permite el impase de no estar garantizada de estar libre de todo error en cosas que atañen a la fe y la moral. La fe de la Iglesia no se puede vulnerar, sin afectar la infalibilidad y la indefectibilidad de la misma Iglesia.

Concebir una Iglesia defectible es concebir que la Iglesia no sea divina, luego es humana, mundana y esto es una herejía. Un Concilio Ecuménico no infalible es una Iglesia falible en su Magisterio Extraordinario, lo cual es como concebir un círculo cuadrado, o un matrimonio no indisoluble por voluntad de los contrayentes que deciden casarse legítimamente.

Un Papa puede él solo querer o no querer ser infalible y según el caso ejercer su Magisterio infalible ex cáthedra, pero no puede pretender convocar un Concilio Ecuménico dictaminando no sea infalible, tanto como un hombre puede querer o no casarse, pero si se casa no puede pretender que el matrimonio no sea indisoluble, y sí es esa su verdadera intención, es inválido el casamiento pues se conculca un elemento esencial al sacramento.

Así un Concilio Ecuménico no infalible es de plano un no Concilio, un pseudoconcilio, un falso concilio, un anticoncilio y esto es lo que en realidad es el atípico y no infalible Concilio Vaticano II a la luz de la teología católica. Que esto no haya sido expuesto anteriormente es un misterio, y peor que se siga no admitiéndolo, lo cual sería un misterio de iniquidad.

La no infalibilidad está reflejada en las declaraciones mismas de Juan XXIII y Pablo VI por si algún distraído en la materia asoma queriendo igualar en Vaticano II con los otros Concilios Ecuménicos como pretende el Cardenal Ratzinger, el hoy Benedicto XVI que afirma: “…ha y que dejar bien claro, ante todo, que el Vaticano II se a poya en la misma autoridad que el Vaticano I y que el Concilio Tridentino: es decir, el Papa y el colegio de los obispos en comunión con él.” (Informe sobre la Fe, BAC, Madrid 1985, p. 34). Y por si fuera poco remata diciendo: “Quien niega el Vaticano II, niega la autoridad que sostiene a los otros dos concilios y los arranca a sí de su fundamento ”. (Ibíd. p. 35).

Decir esto para legitimar un Concilio Ecuménico no infalible es un abuso y un absurdo, pues cómo va a tener el mismo valor si el fundamento de la infalibilidad de la Iglesia fue rechazado, y sin infalibilidad qué valor y autoridad tiene un concilio como había señalado Monseñor Lefebvre.

Juan XXIII había manifestado que la misión del Concilio no era definir verdades “a teniéndose a las normas y exigencias de un magisterio de carácter prevalentemente pastoral”. (Discurso de inauguración, 11 de noviembre de 1962.)

Pablo VI, quien retomó y rubricó formalmente el Concilio Vaticano II (que hubiese quedado en nada con la muerte de Juan XXIII, si él no lo hubiera continuado y revivido), afirmó retomando a Juan XXIII: “Ni nuestra obra mira como fin principal el que se discutan algunos puntos principales de la doctrina de la Iglesia …; ha y que buscar a quellas forma s de exponer la que más se adapten al magisterio cuyo carácter sea prevalentemente pastoral.” Y más adelante continúa: “Nos parece que ha llegado la hora en que la verdad acerca de la Iglesia de Cristo debe ser estudiada, organizada y formulada, no, quizá, con los solemnes enunciados que se llaman definiciones dogmáticas, sino con declaraciones que dicen a la misma Iglesia con el magisterio más vario, pero no por eso menos explícito y autorizado, lo que ella piensa de sí misma ”. (Discurso de apertura de la segunda sesión del Concilio Vaticano II de Pablo VI del 29 de septiembre de 1963).

En otra ocasión Pablo VI aclara: “Hay quienes se preguntan cuáles la autoridad, la calificación teológica que el Concilio ha querido atribuir a su enseñanza, sabiendo que ha evitado dar definiciones dogmáticas solemnes comprometiendo la infalibilidad del magisterio eclesiástico. Y la respuesta es conocida para quien recuerda la declaración conciliar del 6 de marzo de 1964, repetida el 16 de noviembre de 1964: dado el carácter pastoral del Concilio, ha evitado pronunciar de modo extraordinario dogmas dotados de la infalibilidad…”. (Audiencia General de Pablo VI, miércoles 12 de Enero de 1966). En otra Audiencia del 8 de Marzo de 1967 señala también la no infalibilidad del Concilio.

Así tenemos que el Concilio Vaticano II no es infalible, y en consecuencia tenemos un Magisterio Universal de la Iglesia no garantizado con la infalibilidad, luego tenemos una Iglesia que se puede equivocar, que deja la puerta abierta al error al ejercer ex oficio su Magisterio más solemne y extraordinario, lo cual es negar la divinidad de la Iglesia. Como esto es imposible, la única explicación teológica es afirmar que lo que falló fue el Concilio, es decir, no fue un verdadero y legítimo Concilio Ecuménico infalible de la Iglesia, y esto por voluntad de sus autores.

Desde entonces tenemos un Pseudoconcilio que instaura una Nueva Iglesia, Pseudoiglesia, una nueva religión con apariencia de católica, pero que no lo es, pues está vaciada de su contenido.

Así se tiene la Revolución Francesa dentro de la Iglesia como observa Monseñor Lefebvre: “El Concilio es 1789 en la Iglesia , declaró el Cardenal Suenens ”. (Le Destronaron, ed. Voz en el Desierto, México 2002, p. 14). Y también tenemos el Contra Syllabus, negando y anulando el Syllabus que condena los errores modernistas, tal como admite el Cardenal Ratzinger y hoy Benedicto XVI, citado por Mons. Lefebvre: “El problema del Concilio fue a similar los valores de dos siglos de cultura liberal, dijo el Cardenal Ratzinger. Y explica: Pío IX con el Syllabus, había rechazado definitivamente el mundo surgido de la Revolución, al condena resta propuesta : ‘El Pontífice romano puede y debe reconciliarse y acomodarse con el progreso, con el liberalismo y con la civilización moderna’ (n°. 80). El Concilio, dice abiertamente Joseph Ratzinger, ha sido un ‘Contra Syllabus’ al efectuar esta reconciliación de la Iglesia con el liberalismo, particularmente por medio de la Gaudium et Spes, el más largo documento conciliar ”. (Ibíd. p. 14).

Esto únicamente encaja y se explica en profundidad al percatarse de que en realidad el Concilio Vaticano II al no tener la nota de la infalibilidad se trata de un Pseudoconcilio, y así tenemos la Pseudoiglesia del Anticristo-Pseudoprofeta.

Estamos ante una realidad apocalíptica descomunal difícil de desenmascarar, pero no queda otro remedio para preservarnos del veneno del maligno que carcome desde adentro la Iglesia, para quedar ésta reducida (medición del Templo) a un pequeño rebaño que permanece aún fiel disperso por el mundo y a punto de ser absorbido (tragado) por las fauces del dragón infernal.

Se trata de lo que el Padre Castellani ya había previsto: “…la Mujer ramera y blasfema es la religión adulterada, ya formulada en Pseudoiglesia en el fin del siglo, prostituida a los poderes deste mundo, y asentada sobre la formidable potencia política y tiránico imperio del Anticristo ”. (El Apokalypsis de San Juan, ed. Paulinas, Buenos Aires 1963, p. 261).

 

Uma resposta para “CONCILIÁBULO ECUMENISTA DO VATICANO 2º: TEIA ANTICRISTO PARA AS ALMAS

  1. José carlos julho 26, 2014 às 5:31 am

    Viva Cristo Rei!Salve a Virgem de Guadalupe!

    “El humanismo laico y profano ha aparecido, finalmente en toda su terrible estatura y, en cierto sentido, ha desafiado al Concilio. La religión del Dios que se ha hecho hombre, se ha encontrado con la religión – por que tal es – del hombre que se ha ce Dios. ¿Qué ha pasado? ¿Un choque, una lucha, una condenación? Podía haberse dado, pero no se produjo. (…) Una simpatía inmensa lo ha penetrado todo. (…) Vosotros, humanistas modernos, que renunciáis a la trascendencia de las cosas supremas, conferidle siquiera este mérito y reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros –y más que nadie- tenemos el culto del hombre”.

    Sempre que leio esta declaração de Paulo VI,o que mais me espanta é o não espanto e não reação de nenhum bispo e cardeal na época ao saber e ver que ele foi até a sede da maçonaria internacional e desafiar os inimigos da igreja católica dizendo que esta mais do que eles cultuam o homem e não a Deus.

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